top of page

Tiempo De Lluvia

En Mi Vida

 

Joel 2:23

23 Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.

 

Lluvia Temprana y Lluvia Tardía

 

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.” Oseas 6:3

La expresión “lluvia temprana” y “lluvia tardía” muchas veces escapa a la comprensión. Estos términos son frecuentemente usados en la Biblia para hacer alusión al derramamiento del Espíritu Santo como agente regenerador sobre los creyentes.

En su gran sabiduría, nuestro Creador decidió usar términos de la naturaleza para que su significado teológico no se escape a nuestra comprensión. Sin embargo, aun así, hoy en día se ha puesto de moda orar por la “lluvia tardía” sin comprender qué es lo que se está pidiendo verdaderamente.

 

Aprendiendo De La Naturaleza

En cualquier punto del planeta tierra, las temporadas de lluvia son determinantes para la agricultura. Además de las lluvias en su correspondiente estación habitual del año, había dos precipitaciones muy esperadas por los hombres encargados de la plantación.

La lluvia temprana 

Que venía fuera de época, como el propio nombre lo indica, caía antes de la temporada lluviosa habitual. Esta lluvia servía para que el terreno que ya estaba preparado para la siembra quede blando y húmedo, muy apropiado para la manipulación necesaria.

Es un período de tiempo en que el agricultor espera que Dios envíe a la tierra (Santiago 5:7), para que pueda sembrar; porque antes de que venga el tiempo de la lluvia temprana, el terreno en el cual se va a hacer la siembra está seco, duro y con malezas, y al venir la lluvia temprana el terreno se humedece, y el hombre tiene una parte que realizar para promover el crecimiento de la buena semilla; el agricultor debe:

  1. Abonar y preparar el terreno con el arado, y la reja del arado rompe el terreno inculto, desarraiga las raíces de las malas hierbas, y una vez que el terreno está preparado.

  2. Hace la siembra de la buena semilla. La semilla tiene en sí un principio germinativo, un principio que Dios mismo ha implantado, y para que este principio pueda actuar, el agricultor tiene que hacer su parte: arrojar la semilla en el terreno preparado, con la esperanza de recogerla multiplicada en una cosecha abundante. La semilla echada en la tierra humedecida capta la humedad.

  3. Germina, y en la superficie de la tierra aparece primero como hierba.

  4. Luego empieza su crecimiento, y dentro de la tierra la semilla germinada echa raíces y se arraiga en el suelo para obtener los nutrientes que están en el terreno. Estos nutrientes subirán en forma de sabia para que la planta pueda crecer.

Pero la sola lluvia temprana no es insuficiente para que la planta termine su crecimiento, por lo que el agricultor con paciencia debe esperar que Dios también le envíe la lluvia tardía.

Santiago 5:7-8

Sed pacientes y orad

7 Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.

8 Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

 

Por lo tanto, es importante entender, con la naturaleza, que con sólo lluvia temprana la planta no termina el crecimiento, ni alcanza la madurez. Se necesita de la lluvia tardía.

 

La Lluvia Tardía 

Caía tardíamente, como su nombre lo indica. Descendía después de la estación lluviosa habitual, de manera más suave, pero más abundante. Esta lluvia era la que permitía la floración, el crecimiento final del fruto, la maduración del fruto, es decir – era la lluvia que preparaba el fruto para la cosecha.

Esta lluvia tardía hace:

  1. Que la planta que había empezado su crecimiento con la lluvia temprana termine su crecimiento.

  2. Hace que la planta florezca, cae la flor.

  3. Se queda el fruto, que en un principio es sólo como un brote.

  4. Luego el fruto empieza a desarrollar hasta alcanzar su madurez.

  5. Luego que el fruto ya ha alcanzado la madurez, el fruto está preparado para la cosecha.

Entonces, para que el agricultor pueda recoger el precioso fruto, necesita en primer lugar de la lluvia temprana, que es un período de tiempo para que pueda hacer la siembra de la buena semilla.

Pero la lluvia temprana no basta para hacer madurar el fruto, por lo tanto, se hace imprescindible la lluvia tardía para que el fruto pueda alcanzar la madurez.

Pero también es importante comprender que sin lluvia temprana no se puede realizar la siembra, pues la lluvia tardía sólo hará madurar aquello que fue sembrado con la lluvia temprana, de manera que la una lluvia es siempre complemento de la otra.

Además de la lluvia temprana y tardía, para que la planta pueda dar su fruto necesita recibir los rayos solares que imparten calor y la electricidad debe llegar hasta la semilla sepultada para que la planta pueda crecer.

Asimismo, es importante comprender que la lluvia temprana que hace que la buena semilla germine, nazca y empiece su crecimiento, en el terreno naturalmente está sembrada la mala semilla (malas hierbas) que también capta la humedad, brota, echa raíces y empieza a crecer, y si el agricultor no hace los cuidados respectivos, esta mala hierba, una vez que ha brotado y crecido, terminará ahogando a la buena planta y no habrá fruto, ni cosecha.

Por lo tanto, es necesario que el agricultor deshierbe la mala hierba, esta es una parte que el agricultor debe hacer para estimular el crecimiento de la buena planta si quiere cosechas su precioso fruto.

 

Poniéndolo En Nuestra Vida Para Dar Fruto

Toda semilla brota, crece, y toda planta se desarrolla por el poder de Dios. (Salmos 104:11-13, 16), pero el hombre tiene que hacer su parte para que pueda cosechar. Dios no es quien deshierba la mala hierba, es el hombre el que debe coger su instrumento para quitar la mala hierba, a fin de que tenga una buena cosecha.

Dios, en su santa Palabra, utiliza estos hechos de la naturaleza para explicar la obra del Espíritu Santo en los hijos de Dios, cuando el Espíritu Santo de Visitante pasa a ser Habitante. Y esto es cuando la semilla se ha echado en el terreno preparado, así ocurre también en la experiencia de los hijos de Dios.

Así como el agricultor, para poder cosechar lo que ha sembrado necesita tanto de la lluvia temprana como de la tardía, así también para que en el hombre se pueda desarrollar un nuevo carácter, tiene que recibir al Espíritu Santo tanto en el período de la lluvia temprana como en el período de la lluvia tardía.

Tanto la lluvia temprana como la tardía, tenía su tiempo especial y todo agricultor que quería ser exitosos en la siembra y la cosecha, debía estar atento y preparado para el tiempo de ambos tipos de lluvia.

No hubiera tenido sentido alguno orar a Dios para que mande la lluvia tardía antes de haber recibido la lluvia temprana, o peor aún: antes de haber preparado el terreno y antes de haber hecho la siembra. Pues, si la lluvia temprana no había hecho crecer el fruto en su estación habitual.

 ¡La lluvia tardía no podía hacer madurar el fruto “por arte de magia”!

Tanto la naturaleza como el sentido común nos enseñan que únicamente el terreno que había sido preparado, sembrado, que se había beneficiado con la lluvia temprana, podía beneficiarse con la estación de la lluvia tardía.

Entonces, ¿cómo es que hoy en día la gente quiere orar por la lluvia tardía sin haber pedido y haber recibido la lluvia temprana? ¿Cómo es que la gente quiere orar por la lluvia tardía cuando el terreno ni siquiera ha sido preparado para la siembra?

Tanto en la naturaleza como en la vida espiritual, el hecho es el mismo: la lluvia tardía NO SERVIRÁ a menos que haya caído la lluvia temprana.

“Pero a menos que no haya caído la lluvia temprana, no habrá vida; la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones no hayan hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”

“La Lluvia Es Gracia, Es El Cielo Que Desciende A La Tierra. Sin Lluvia, No Habría Vida”.

Muchos, en gran medida, han dejado de recibir la lluvia temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos por medio de ella. Las razones por la cual la gente se quiere saltar de la lluvia temprana directo a la lluvia tardía es que:

No quieren realizar el trabajo que implica recibir la lluvia temprana y tardía.

No quieren preparar el terreno.

No quieren hacer la siembra.

No quieren recibir diariamente la lluvia temprana y subsecuente que hace crecer la semilla y la planta de origen celestial.

Quieren que Dios, por arte de magia, haga aparecer de la nada algo que no existe, y que lo implante en el hombre ya desarrollado y maduro. Pero Dios no hará la obra que al hombre le toca hacer.

Si quieres el arco iris, tienes que aguantar la lluvia. 

“Es cierto que en el tiempo cuando la obra esté por terminar, los fervientes esfuerzos realizados por los consagrados creyentes bajo la dirección del Espíritu Santo irán acompañados por manifestaciones especiales del favor divino”.

Pero acerca del fin de la siega de la tierra, se promete una concesión especial de gracia espiritual. Este derramamiento del Espíritu se compara con la caída de la lluvia tardía.

Zacarías 10:1

Jehová redimirá a su pueblo

1 Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno.

Joel 2:23

23 Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.

“A menos que mantengan sus lámparas apagadas y no estén ardiendo, no recibirán la gracia adicional en tiempo de necesidad especial.”

Entonces, HOY debemos pedir por la lluvia temprana para ser preparados. Y debemos recibir el bautismo diario (la llenura) del Espíritu Santo para poder andar en el camino de la santificación verdadera, como resultado de haber sido justificados diariamente en virtud de la obediencia perfecta y perpetua de Cristo.

 “Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia, tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. Para que nos haga vasos dignos de ser empleados por él.”

 “Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo, que será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la tierra. Es el Espíritu Santo quien los capacita para ser colaboradores juntamente con Dios.”

Deuteronomio 11:14 – “…yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite…”

Isaías 55:10-13

10 »Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, 11 así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié.

12 »Ustedes saldrán con alegría, y volverán en paz; los montes y las colinas cantarán al paso de ustedes, y todos los árboles del campo aplaudirán. 13 En lugar de zarzas, crecerán cipreses; en lugar de ortigas, crecerán arrayanes. Esto dará lustre al nombre del Señor; ¡será una señal eterna que durará para siempre!»

bottom of page